15 jun 2011

En una cama vacia, en una casa con paredes que hablan a sus espaldas, con cepillos de dientes que la señalan, así pasa sus días de solitaria. Llora noches enteras, pero no consigue tener serenidad en su alma. Se engaña para no llorar, pero al final respira sus propias mentiras, envasadas de pastillas de felicidad que no llegan a su propósito final, robarle una sonrisa entre lágrimas al despertar. Mañanas que se envuelven con un tono gris, un sol que parece no salir, y ojos de personas desconocidas que no esconden nada conocido. Voces en sus oídos que cantan canciones tristes, pero que a ella le encantan porque parece que la entendieran. Tardes en la cocina haciendo pasteles de chocolate para dos, pero que sólo ella consigue probar una cucharada partida por la mitad. Vinos que se pasan en una estantería esperando más años, para así estar mejor al momento de ser descorchados. Deseando por fin, ser participes de noches de pasión, de gritos de amor y de sábanas envueltas de suspiros y pliegues al amanecer.

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