4 jul 2011

Amor eterno

                La espuma en su piel se veía con pequeños reflejos de colores, sí, cómo si fueran burbujas con colores ocultos. Olía a canela, a frutas del bosque, y su boca…su boca sabía al vino que llevaba en su mano derecha. Movía su copa de forma circular, haciendo mover todo líquido de color vinotinto. El vino era fino, no hacía ver falta ver la etiqueta, tan solo poder sentir su olor y ver su movimiento, yo ya lo sabía. Ella me miraba con ojos sensuales, mientras su boca recibía el fino cristal. Mi cuerpo estaba caliente, no veía la hora que toda el agua de esa bañera que se hacía cada vez más pequeña para mí, comenzara a hervir. Sus piernas se movían, tratando de quedar encima de los bordes de la bañera. La música que sonaba de fondo, iba transportarme a una película, de esas que siempre deseas estar; con una chica guapa, a la que desees besar, con una chica a quién poderle hacer el amor cariñosamente con olores excitantes. Y allí estaba ella, mirándome y esperando a que yo diera ese primer paso. Estaba hablando, y yo no podía entender nada, estaba totalmente hipnotizado con su belleza. Ella lo sabía, y se veía que le hacía gracia. Soltó su copa de vino, y se sumergió en el agua. Con un suspiro solté el aire retenido, y apareció ante mí, como una diosa. ¿Cómo podía ser posible, que después de cinco años de casados aún sintiera lo mismo que cuando la conocí? Mi cuerpo seguía sintiendo esas cosas fascinantes, estaba seguro que ese, era mi amor sin fin. Nosotros nos amábamos y nos deseábamos. No teníamos secretos, rara vez nos preocupábamos en pensar que haríamos en unos años, porque pasara lo que pasara siempre estaríamos juntos.

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